con todos los signos que eso implica
y la imposibilidad de tocar, alguna vez, tu rostro.
Sabiendo que no es correcto, ni siquiera pronunciable
reprimo en silencio cualquier impulso de abalanzarme sobre tu cuello
o de zambullirme en la profundidad de tus pupilas.
Si me dejaras…
recorrería tu espalda con los ademanes de una mosca
que se posa dulcemente en la piel de su tan anhelada flor.
Si tan solo pudiera…
moriría en el suspiro ocasionado por tus labios.
Si existiera la posibilidad…
despedazaría mi alma en mil fragmentos
con tal que se fusionen con tu savia.
Saltaría al precipicio más profundo
si tú fueras el vértigo, y tus ojos el abismo.
Y te encuentro sin previo aviso, un atardecer cualquiera
embebida en una brutal vergüenza que me desarma;
se ruborizan mis fragmentos
se derriten mis facciones.
Mis ojos, obedeciendo al maldito disimulo, no saben bien donde reposar
y huyen de tus ojos, con todo el dolor y la agonía
porque al fin te tengo frente a mí
…si tan solo pudiera mirarte un poco más…
haría temblar cada una de tus partículas
mientras te hago el amor entre caricias oceánicas.
Es el instante anterior a tu angustiante partida
en el que ruego de una y mil maneras ¡no te vayas!
sin antes haber tocado mis labios,
o mi cintura,
o algún rebelde cabello
por accidente o quizás, por algún tierno destino, necesidad de tus dedos,
o por simple (y triste) casualidad de tus manos.
¡Destiérrame, amor mío, esta noche, del frío de mi solitaria almohada
y entiérrame, dulce anhelo, cada noche, el calor de tu convexa piel!
Y déjame amarte hasta el amanecer...
Exprimiendo sexopatías entre impúdicas frazadas
en obnubiladas horas de la noche,
en titilantes madrugadas
e ingráviles albas.
Entre incongruentes emanaciones producidas por tu lengua
sumergida en las vastas áreas de mi locura / tu locura.
Entre la coma de tus cifras, entre todos y cada uno de tus pliegues.
En tu tocar tocando de ambos senos míos,
en el levitar del diletante, latente, demorado encuentro
de mis apetentes dedos con tu sexo.
En la profundidad de tu entrepierna difusa
y en cada parte erecta que alimenta los acordes de un gemido ahogado
que me merma.
En el éxtasis milimétrico de cada célula excitada
de cada núcleo contraído
por la eroticidad de una caricia tuya.
Desde mis márgenes de ninfómana prostituida
y desde el centro de mi cóncava desnudez,
en una fuga exangüe de viscosos movimientos que se conducen,
se intoxican y rehúyen en un ebrio vaivén,
te grito por esta noche y las que vendrán,
por este febril sudor de carnes en vela;
TE AMO, desde el orgasmo más eterno,
desde el desgarre más sideral.
En tu dormitar dorsal y transversal te oblicuo una zancada de locura
en la dolencia umbilical de tus clavijas,
en la ululante agonía de todas y cada una de tus teclas.
Te inyecto por hoy y hasta que se tiña el mundo de elocuente y absurda iniquidad,
bordeando los lindes de mi turbio infierno lunático,
este mortífero amor varado entre las 5 y las 6 de cualquier madrugada,
desde la cubicidad difusa de mis funestos pensamientos.

Es la diana de mis dedos tu cuello retorcido
y es la diana de mi locura cada centímetro cúbico de tu no tan inocente mirada.
De cada microlitro que se evapora día a día
entre salvajes mordidas , de tu extinta, quizás mañana,
existencia.
En cada veta de tu diabética silueta,
en cada kilómetro de tu piel y con toda la precisión de una pulga.
Con la exactitud de un microbio que roe y corroe tu corrompida naturaleza
de bestia firme que me toma por detrás en opulentas horas de la noche.
En un nicho / lecho de flores y clavos
de sauces que no lloran, y cipreses que no cantan.
Te mato, tiernamente y con mi enferma voz
al entregarte, desposeyendo, este amor que me hace añicos
y que descose y sutura eternamente
tu piel tan lastimada por mi piel.