miércoles, 26 de mayo de 2010

La muerte del Amor

Nunca más amar, porque mi amor mató a las flores y las rosas clavaron sus espinas en la comisura de mis labios. Nunca más sentir, el sentimiento fue violado y amordazado, cuando vi tus ojos por primera vez brillando a la luz de un orgasmo.

¿Recordás cómo estalló tu corazón?

Esa noche tu piel subió a la aurora y desde el cenit de un gemido una bala y un disparo atravesaron la ternura, dejando un cuerpo frío y un alma destrozada.

Los músculos quedaron en eterno escalofrío, velando aquello que nunca volverá. Fue una suave caricia convertida en golpe, y un golpe que hizo vibrar la tristeza y la agonía. Sangraron mis ojos, y sangró el mundo. Se derramó la pasión y la oscuridad se deshizo en llanto.

Fue el delirio de la hermosura, de la hermosura muerta de pena y de la pena eclipsada de espanto. Un suspiro de la luna y mi piel se congeló para siempre. Congelado mi aliento y mi corazón, helada de soledad y de amargura, con los ojos bien abiertos y una angustia abstracta que desgarra mi interior.

¿Qué es lo que queda entonces, si el destino es fatuo y obscenamente fatal?

¿Qué es lo que queda si toda el arena del universo ya pasó por entre mis dedos y ni un sólo grano se ha quedado para recordarme que sigo viva?

Entonces sólo me queda una amarga retirada, una acuchillada que despedace las arterias sin poder siquiera cerrar los párpados ni gritar que pare el horror. Sentir que muero y que me matan, observando desde el penúltimo subsuelo las lágrimas ajenas que decantan sobre mi frente, sin poder divisar las propias, porque se han secado en el cajón.

Que descansen los brazos y la piel acomplejada, la piel curtida, corroída y arrugada, que se desvanece mostrando los huesos, que se desvanecen mostrando la nada.


miércoles, 19 de mayo de 2010

óxido



caricia

Él a mi lado y yo a su izquierda, que su brazo me alcanza, que sus manos me enrollan, que su frente llega a mi frente, y nuestras narices se chocan. Sus ojos que me miran, y los míos que se abren, que los suyos se cierran, y que en un suspiro muero dentro de él. Dentro de su boca, dentro de sus brazos, dentro de su alma, y él en mis palabras. Nuestros pensamientos se juntan, se entrelazan, sentimos lo mismo, yo me siento a su lado, y el cerca mío. Que los labios se humedecen, y que los ojos se mojan, que en las mejillas llueven, gotas y gotas. Cada vez más cerca, las paredes nos acorralan, y yo que me hundo y quedo sin fuerzas. Que dentro de su piel, y él dentro de la mía, de pronto nos miramos y se funde el placer. Que lo abrazo, lo abrazo más fuerte, y él que me lleva, parada en sus pies, y yo como una pluma, me desvanezco, a su merced. Que de pronto me lleva el viento, que me siento en el aire, que caigo desmayada, y a su lado despierto. Que esto es como un sueño, que juntos estamos, que mis dedos en su cuello, y sus caricias en mis manos. A su lado me encuentro, y la panza me pesa. Me tiembla el cuerpo entero, y el pulso acelera, acelera, acelera, hasta que sus manos me sueltan, sus brazos descansan, los míos se quejan, y mis ojos se callan. Ya separados, dejamos las miradas, él por su cuenta, yo por mi lado. Solos estamos, pero pronto nos divisamos, pronto nos extrañamos, y de pronto, él de nuevo entralazándome el alma. Yo a su izquierda, y él a mi lado.

descexo

Hoy me doy a las cenizas.
Con tu máxima sentencia erecta y toda la rigidez de tu carne.
Perforaste la inocencia de mi fosa obscena
Y anunciaste el entierro de mi lengua.
Ceso la masturbación de mis días, de mis senos maltratados, ceso: del sexo ex-clavo,
del sexo malparido, fruto de otros sexos y de la explosión del óvulo por el violento flagelo excitado.
Corrompido y desheredado.
Van al desagüe las lágrimas del clítoris adulto y del himen desgarrado.
Desnuda anatomía contrastada por la tan tuya gana que me destrozó la vulva en mil pedazos,
y heme aquí sin sexo: Ex(a)cavado, vacío y condenado.
Muerta en plena cópula. Desangrada la gran llaga genital.
Te escucho saborear el dolor de mis gritos.

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