Él a mi lado y yo a su izquierda, que su brazo me alcanza, que sus manos me enrollan, que su frente llega a mi frente, y nuestras narices se chocan. Sus ojos que me miran, y los míos que se abren, que los suyos se cierran, y que en un suspiro muero dentro de él. Dentro de su boca, dentro de sus brazos, dentro de su alma, y él en mis palabras. Nuestros pensamientos se juntan, se entrelazan, sentimos lo mismo, yo me siento a su lado, y el cerca mío. Que los labios se humedecen, y que los ojos se mojan, que en las mejillas llueven, gotas y gotas. Cada vez más cerca, las paredes nos acorralan, y yo que me hundo y quedo sin fuerzas. Que dentro de su piel, y él dentro de la mía, de pronto nos miramos y se funde el placer. Que lo abrazo, lo abrazo más fuerte, y él que me lleva, parada en sus pies, y yo como una pluma, me desvanezco, a su merced. Que de pronto me lleva el viento, que me siento en el aire, que caigo desmayada, y a su lado despierto. Que esto es como un sueño, que juntos estamos, que mis dedos en su cuello, y sus caricias en mis manos. A su lado me encuentro, y la panza me pesa. Me tiembla el cuerpo entero, y el pulso acelera, acelera, acelera, hasta que sus manos me sueltan, sus brazos descansan, los míos se quejan, y mis ojos se callan. Ya separados, dejamos las miradas, él por su cuenta, yo por mi lado. Solos estamos, pero pronto nos divisamos, pronto nos extrañamos, y de pronto, él de nuevo entralazándome el alma. Yo a su izquierda, y él a mi lado.
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